MIRTA YÁÑEZ EN ARTE Y CONCIENCIA

Rogelio Riverón

Dicho con palabras de Frank Delgado: cuando la conocí Mirta Yáñez me pareció “virulenta, a veces rápida, otras demasiado lenta”. Después comprendí que se trataba de una persona sencillamente original, sincera, que no buscaba “proyectarse” y que por tanto no asumía posturas arquetípicas para darse a conocer. Ahora parece natural que haya merecido —y ganado— el Premio Nacional de Literatura, aunque esa ganancia le sobrevenga sin ser llamada. Puede que en tales casos sea lógico. El premio a toda una obra busca generalmente la contundencia, lo que tiende a la vez a lo incontrastable y a lo acumulativo. Mirta Yáñez (La Habana, 1947), que en más de una ocasión ha confesado ser víctima de la desidia propia (quizás debiera referirme a falta de concentración) y que por lo tanto se lamenta de no haber escrito mucho más, ha conseguido sin embargo una obra de gran coherencia, que además de a los lectores posee la cualidad de incitar a la crítica, gracias a la complejidad de sus planteamientos, su perspectiva y a la sutileza de su material lingüístico.


MI ELOGIO

Rogelio Riverón

Al suprimir la fecha en que fueron escritos los textos de El libro de los elogios, obviando por demás el instante de su aparición primera, Eduardo Heras León crea un segundo momento, una opción tal vez más consciente para ellos (sus textos) y para nosotros (sus lectores). No ha de ser la única, pero aquí tenemos una ruta de las afinidades personales del Chino Heras y también de su meticulosidad a la hora de explicarse qué es el cuento en tanto género ahora escrito, qué es el estilo y qué es la literatura. Una cosa resulta evidente: casi todos los escritores aquí evocados han merecido la amistad de Eduardo (sé que él lo expondría justamente a la inversa); con casi todos convivió y a todos los estima en tanto creadores. De tal modo, nos ofrece veinticinco elogios para veinticuatro creadores —Onelio Jorga Cardoso le merece dos reflexiones—, en una demostración de perspicacia, nobleza, amor y oficio.


EL ARTE EN EL PULSO DE LA VIDA

Redys Puebla Borrero

El arte es una de las maneras que el hombre ha encontrado para representar la vida en sus variados procesos y relaciones; la aprehende en su discurrir con sus disímiles formas, estilos, formatos, estructuras y la convierte en un entramado de quimeras en el concreto asiento del lienzo, el papel, el muro…, a la espera de que el espectador, avezado o no, la descubra y entonces se realice el milagro que la redibuje, la multiplique, la consagre. Esta extraña y a la vez comúninterrelación es la que ha motivado a creadores, a curiosos y a estudiosos a buscar puntos de contactos, diferencias o líneas conciliatorias,también límites temporales y geográficos, filiaciones ideológicas, sociales, políticas o religiosas,para intentar establecer dónde seinstauran o rompen paradigmas y dar respuestas a miles de porqués, que con el tiempo han devenido en lo que conocemos como crítica de arte, historia delarte o cuantas disciplinas pudieran asociársele.


INTERLOCUTOR REYNALDO GONZALEZ PREGUNTAS DEL LIBRO SIEMPRE LA MUERTE SU PASO BREVE

Siempre la muerte, su paso breve arriba a su cincuentenario: es una excelente ocasión para conversar con su autor, el narrador y ensayista Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura en 2003.

—¿Cómo era el joven avileño —entonces camagüeyano— que emprendió la escritura de esta novela? ¿Cuáles eran sus lecturas más intensas? ¿Sus intereses, sus demonios?


Con este espacio pretendemos entablar un diálogo con algunos de nuestros autores, abordaremos directamente el proceso de edición y cuestiones más amplias del campo literario. Puesto que nos condicionará la inmediatez, tal vez la conversación resulte, como diría José Lezama Lima

“una flor que forma otra flor cuando se posa en ella el caballito del diablo”.

 

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