La pregunta del galleguito

Cuenta la gallega Anisia que a una campesina gallega, muy religiosa, católica, se le enfermó una vaca, y le dijo al nieto:

—Manoliño, vamos a rezarle a la virgen que está en el cuarto para que sane a la vaca.

Y se postraron ante la imagen enmarcada de una virgen.

Después que terminaron de rezar, le preguntó Manoliño a la abuela:

—Abuela, yo no acabo de comprender cómo la virgen va a salir de detrás del cristal para resolver el problema de la vaca…

 El gallego y el peso

A un gallego en España le dijeron que el dinero en Cuba estaba botao; se embulló pal viaje, y al llegar a Cuba se apeó del barco y pegó a caminar allí por arriba del muelle y se encontró un peso plata allí. Entonces le dijo al peso:

—¡Cabrón, ya estás presentao aquí!

Y le dio una patá y lo tiró pal agua, y él mismo se dijo que era verdad que el dinero estaba botao en Cuba.

El gallego se bajó pa los pueblos, y esto era cuando el tiempo muerto de los malos años de la moratoria. Echó seis meses más en Cuba, y nada más que pudo comer noventa veces, como él decía, y no encontró ni un peso más arriba de na en el suelo, y se dio cuenta de que lo habían engañao los otros gallegos que le dijeron que los pesos en Cuba estaban regaos arriba de la tierra.

 El letrero

Blanco era un joven gallego que vino a Cuba, hace muchos años, en busca de fortuna. Cuando llegó al puerto de La Habana, vio un letrero grande que decía:

VINO BLANCO DE ESPAÑA

A lo que Blanco, asombrado, respondió:

—¡Caramba! Acabo de llegar y ya me están anunciando. ¡Qué bueno es esto!

La maldad de la botija

Hace tiempo, en El Tesico, una loma cercana a Remedios, un gallego se encontró una botija repleta de oro. Del tiro el gallego se fue para España. Otro galleguito que era amigo de él no hacía más que pensar en cómo encontrarse una botija. A todo el mundo le decía que él, tarde o temprano, se encontraría una botija.

Según afirma el estudiante Pedro Rodríguez, la gente del billar de Miguel Ruinera le prepararon una maldad. Viene un hombre y le dice al gallego que, según su conocimiento de espiritismo, hay un muerto que quiere darle una botija.

El galleguito, al oír esto, se arrebató de contento, y entonces el hombre le dice que si está dispuesto a ir, debe saber que el dinero está en El Tesico, que hay que ir de noche, solo, y que el dinero no se podía regar en el suelo.

El gallego coge y va para allá y, efectivamente, ahí estaba la botija. Entonces prepara una sábana y cuelga la botija en un árbol, y cuando le da el palazo se rompe la botija, y se ha formado un reguero de orines de madre. Óigame, había que ver a ese gallego cómo bajaba la Loma del Tesico, todo apestoso y echando candela.