Novedades de los libros de La Editorial Letras Cubanas

Ultimos libros:

  • El piano de Reina Maria…poesía
  • Placido y el laberinto de la ilustración de Roberto Méndez Martínez… premio de la crítica
  • Yo vengo de todas partes de Carmen Serrano… poesía
  • La estación encantada de Gertrudis Ortiz Carrero… novela
  • Un destino común de Hugo Hodelin Santana… poesía


EL DESFASAJE

                                                        Rogelio Riverón

En la nota de solapa de El año que nieve, de Rubén Rodríguez, se nos advierte que, pese a todo, los cuentos que lo componen escapan de la solemnidad y la desesperanza, gracias, entre otras cosas, a “la refractaria voluntad de resistencia que aflora de sus páginas”. Leídas las once piezas que integran este volumen, merecedor del Premio Alejo Carpentier de cuento en 2019 y publicado por Letras Cubanas, me veo tentado a plantearme lo contrario, al menos como un  ejercicio mental: ¿Y qué tal si se tratara precisamente de la desesperanza? ¿Necesitamos como lectores ese virtual alivio; digo el de postular que el libro es pertinente en tanto deje sin sellar un orificio por el que se atisbe algún tipo de aspiración? El asunto, me respondo quizás en tono provisional, no radica en que haya o no salida para las situaciones que se plantean en El año que nieve. Parece más importante concentrarse en cómo funciona cada una de estas hipótesis sobre la privación, la supervivencia y la fatalidad, que eligen como escenario invariable el de la provincia; más aún, el de los pueblos dejados de la mano del destino, como Comalas del siglo XXI.

Uno de los riesgos de esta literatura es el de precipitarse en real common places, en el lugar común reseco, variaciones de tres o cuatro notas. Rubén Rodríguez lo evita limpiamente, gracias, creo, a la forma en que sabe agredir lo cotidiano, al certero manejo de los detalles sin dejar de ser escueto cuando lo estima pertinente y a que blande un sarcasmo medio canallesco, con el cual prolonga nuestro desasosiego de lectores. Su libro no incurre en arrancadas en falso. De hecho el primer cuento, “Jabón” es una de sus mejores apuestas. Una pareja de extranjeros se adentra en el paisaje más rudo que imaginarse pudiera, aún cuando piensan lo contrario. Ese es el problema de este cuento: el choque, no ya de los puntos de vista, sino de las culturas, de los desarrollos. La mudez forzosa frente al otro. La pareja es acogida de no muy buena gana por una mujer arruinada, hosca y el cuento acaba en una estampida más bien grotesca.

La mayoría de los personajes de El año que nieve viven y piensan escuetamente, porque se encuentran al final de algo. Y el que no está al final, está encarrilado, carente y sin perspectivas; y el que no, sufrirá alguna conmoción.En el segundo cuento del libro, titulado Homenaje, una joven profesional se dispone a reactivar —a relanzar, dirán algunos— a un viejo literato. El encandilamiento de aquel pondrá en evidencia ciertos estados quiméricos, con mucho potencial dañino. A ambos les sirve la frase lírica de G. A. Bécquer: Yo voy por un camino, ella por otro… Y en sí, esa es una de las características más importantes de este cuaderno: el desfasaje. Homenaje es una extensa premonición acerca de lo factible o no de la trascendencia y no solo en el plano profesional. El narrador vuelca su omnisciencia en un tiempo futuro. Dice: La joven se presentará… A Eugenia le asombrará… El prosista no responderá…, como si nada hubiese ocurrido de momento, aunque él ya lo captó. Es una conjetura perversa con final lastimero.

Desfasados están los personajes de “El vecino”, “El pacto”, “Conexión” y “La visita”. El segundo y el tercero de estos cuentos acarrean un poco de esa asiduidad inevitable en los registros realistas de la prosa breve contemporánea, matizada (la asiduidad) por el humor y una reiteración casi siempre fecunda en el caso de “Conexión”. “El vecino” es una muestra de acierto al aislar un momento en apariencia intrascendente, ionizado en realidad por la desolación. Como si la única tutela viniera del instinto. Personajes sin nombre propio, acoples furtivos y vuelta al aislamiento, diálogos puntuales, espesor dramático y otra vez el detalle que llama la atención sobre lo perverso de este mundo: ruidos, siluetas, unos pies sorpresivamente suaves. En “La visita” se puede detectar una leve ligazón con “Homenaje”, sobre todo porque en ambos es básico el capricho, la chifladura amorosa. La diferencia está en que el chiflado de “La visita” no tiene amor propio. Su ruindad convierte a su tía en alcahueta por conmiseración. Su ruindad es acaso la coartada para que la vieja se ponga en marcha y haga aflorar sus mañas, la insolencia con que se dispone a sobornar a diestra y siniestra con el propósito de preservar un statu quo moral que en realidad no existe. Rubén Rodríguez pinta con escrupuloso sarcasmo el ímpetu de esos hipócritas de barrio, al fin y al cabo masoquistas, que parecen llevar la marca de Virgilio Piñera. Piezas como “Domingo”, “Suburbana”, “El encargo” y “El año que nieve” dan cuenta de la vaciedad, los prejuicios y el automatismo que sobrevuelan a ciertos colectivos. “La pesca” es un doloroso alegato sobre el atentado y el miedo. Los mejores momentos de este libro me recuerdan el procedimiento cinematográfico de “cámara en mano”, gracias a las entradas y salidas del narrador, a la concisión de los diálogos y las secuencias que prefieren la “escala humana”.  

La pobreza, la rutina, la sumisión, el hastío; personajes con instintos sonámbulos, ambientes de poco oxígeno, destinos que se repelen y son la única opción para posibles transacciones filiales, dominan en tumulto las claves de estos cuentos en los que predominan las situaciones fuera de foco. Debe estar en lo cierto el editor de El año que nieve en cuanto a la refractaria voluntad de resistenciaque explica haber localizado en ellos. Aunque resistan de puro empecinamiento, incluso ignorando que lo hacen.

 


Alberto Peraza: “Maceración: en eso se convierte gran parte de la vida”

Cuando un libro cambia el ánimo en tus días y te deja un buen sabor, se hace inmortal en la memoria. Macerar llegó a mí de la mano de su autor, Alberto Peraza, a quien muchos de los vueltabajeros conocen y han visto promocionar libros en cualquier espacio de esta ciudad callada; poeta y escritor para niños y jóvenes, multipremiado; sanjuanero pródigo.

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Macerar es un libro de poesía íntima, acaba de salir a la luz por Letras Cubanas, como resultado del premio de poesía Nicolás Guillén – uno de los más prestigiosos a nivel nacional- que en 2019 se le otorgara a su autor.

Es desgarrador por momentos y al mismo tiempo, sanador: un retrato familiar sin rebuscamientos y falsas metáforas. Duro. La lírica no puede disfrazar la dureza de la maceración cuando el poeta exprime las palabras… y la memoria.

Tengo fe en este libro: estremece el alma. A través de sus páginas descubres un padre que puede ser tu padre, una madre que puede ser tu madre y una casa natal que puede ser la tuya. Es poesía que narra y borda con finos hilos la historia de una evolución personal. De niño a adulto, Macerar es un acto de desvirgación. El poeta es la oveja negra en el “perfecto” enmarcado del cuadro familiar, y uno como lector va reconociendo en los detalles triviales de esa cotidianidad los golpes espirituales del sujeto.

La poesía tiene la fuerza de un evento catastrófico pero exorciza y salva. Así es este libro, ejemplar de lujo, con una ilustración de cubierta también de lujo, concebida por el artista de la plástica Pedro Pablo Oliva con el título El alfiletero. Así es el autor, un sujeto lírico atravesado por muchas verdades; metálicas y punzantes, perennes.

“Palabras que cortan como el filo de una daga. Soy yo el desangrado; quien se autodestruye cada vez que escribe un poema. He padecido males que el papel no soporta porque pesan como años…”, confiesa en su poema final.

Y desde el inicio también cada poema es una confesión sin máscaras, quizás una deuda consigo mismo. Trata de soltar amarras para renacer. Es exactamente eso, un libro para la muerte y el resurgimiento.

Alberto es licenciado en Educación, en la especialidad de Lengua Inglesa. Integrante de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la Sociedad Cultural José Martí, de la Asociación de Pedagogos de Cuba y del Movimiento de Poetas del Mundo. Muchos de sus textos han sido traducidos al inglés, portugués y chino; y ha viajado mucho como participante en ferias del libro en Estados Unidos, México y Cuba y en certámenes como el Festival de Letras Jaime Sabines y el Festival de Cultura del Caribe.

Maceración: en eso se convierte gran parte de la vida” – escribe-  y en  una sentencia justifica el título de este libro imperecedero, que tendremos el gusto de degustar el domingo 28, a partir de las 10 de la mañana, en la sede del Comité Provincial de la Uneac, como parte de la programación del festival de la cultura pinareña Nosotros, a celebrarse este fin de semana.


E-book Cecilia Valdés o la loma del Ángel, un clásico de la literatura cubana, novela de Cirilo Villaverde dispone en nuestro catálogo.

Comienza la semana con la novela: Paradiso, una de las mejores novelas de Lezama Lima…. golpe maestro, jaque mate al hado, es según reconoce Virgilio Piñera, Paradiso, esta gran novela de José…


Entrevista a Michel Encinosa Fu

RENEGAR DE LA INDIFERENCIA Y EL CONFORMISMO
—Un intercambio con Michel Encinosa Fu—
Saturnino Rodríguez

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Letras Cubanas anuncia su espacio

Día 8 de marzo “Día internacional de la mujer”

LETRAS CUBANAS ES MI CASA

—Breve diálogo con Georgina Pérez Palmés—


Rogelio Riverón

Y un buen día te das cuenta de que Georgina Pérez ha pasado a ser la decana de la edición en Letras Cubanas. No es solo cuestión de años, de resistencia. Se trata además de su pericia, del modo en que asume la profesión, de su saber estar para sus colegas y para los autores; de sus ideas y de su carácter. Como en broma le dije hace unos días que deseaba hacerle unas preguntas, antes de que le lleguen los homenajes que sin dudas se ha ganado. Aceptó y así dialogamos:

Define tu profesión. Defínete como editora